Blog de Harry Beda

23 febrero, 2018

El efecto del fracking sobre el orden energético global

Por Harry Beda. Volvemos sobre uno de los primeros temas que inauguraban este espacio dedicado a la energía, el fracking. Gracias a esta técnica Estados Unidos está recuperando su posición en el tablero energético global. El país apunta a marcar récord en sus exportaciones de petróleo este año y a cubrir la mayor parte de su demanda petrolífera, para estar cada vez más cerca de la poderosa independencia energética.

Según señala el último informe mensual de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Estados Unidos estaría bien ubicado para superar a Arabia Saudí y Rusia como el principal productor de energía del mundo en los próximos 12 meses. Las estimaciones de la AIE apuntan que la producción de crudo estadounidense ha aumentado en enero en 1,3 millones de barriles diarios, respecto al año pasado, registrando un crecimiento “colosal” de 846.000 barriles al día. En línea con las previsiones de la Administración de Información de Energía de Estados Unidos que anuncian una producción de petróleo de más de 10 millones de barriles por día para este año.

La recuperación del fracking

Para la AIE todo hace presagiar que veremos  a Estados Unidos alcanzar máximos históricos de barriles por día, superando a Arabia Saudí y rivalizando con Rusia durante el 2018, siempre que las restricciones de la OPEP y Rusia permanezcan vigentes este año, tal y como anunciaron.  Esta política de reducción de la oferta ha permitido modular al alza el precio del petróleo, por parte de los 14 miembros de la OPEP y otros diez países productores (no pertenecientes a la OPEP), entre los que se encuentra Rusia, pero también ha facilitado la recuperación las operaciones de fracking. Y por lo tanto,  está reportando beneficios al principal promotor del fracking: Estados Unidos.

Con este escenario y ajeno a las expectaciones ante las próximas decisiones de los países productores,  Estados Unidos se encuentra reviviendo el auge del petróleo, algo que pone de manifiesto que  no solo se trata de tener todos los recursos naturales, en el orden energético global también gana quien tiene la tecnología y la estabilidad política y social que permite atraer nuevas inversiones y mantener la demanda. En definitiva, que habrá que observar cómo se despejan las nuevas y las clásicas variables, en la ecuación del futuro energético de cada país, para conseguir el deseado mix energético lo más limpio, barato y seguro posible.

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